Thursday, October 04, 2007

Brooklyn follies

Es Paul Auster, para mí, un autor con mucho sentido del humor y una gran capacidad para hablar de los misterios y preocupaciones de la vida a través de enredos y relaciones personales de lo más variopinto que, aunque parecezca que no va a llegar a ningún sitio, acaba resolviendo de la forma más natural, aunque, por lo visto se le valora más a este lado del Atlántico que en el país que lo vio nacer.

Después de leer El libro de las ilusiones hace un año y de haber visto hace pocos meses las tres películas de las que había escrito el guión (Smoke y Blue in the face) y dirigido (Lulú on the bridge), me sumergí en su Brooklyn follies con unas expectativas que en un primer momento no me satisfizo lo suficiente, pues parecía que la historia se le iba de las manos, de tanto pasar de unos personajes a otros; pero a medida que el relato avanzaba me di cuenta de que no podía parar de pasar páginas y tenía de nuevo, como en la novela protagonizada por David Zimmer, la congoja por saber si Auster sería capaz de terminar la narración como se merece.

Y, en efecto, lo consiguió. No solo eso, sino que hasta el último capítulo este mago de la literatura guarda un as en la manga y conmueve al lector (es decir, a mí) de tal forma que, cuando llega al punto final, no puede impedir que se le escape una sonrisa, complacido por un trabajo tan bien hecho.

-En esta ocasión prefiero no revelaros ni un solo detalle de la historia y los personajes en sí, porque correría el riesgo de destrozaros el libro, cuando lo que pretendo es que, si os animáis a leerlo, lo disfrutéis tanto como yo-

Thursday, May 31, 2007

Trópico de Capricornio

Henry Miller aparece en este libro aparentemente autobiográficos como un despreocupado canalla que vaga por el mundo sin rumbo ni pesar, viviendo en la soledad más absoluta pese a vivir rodeado de gente en los barrios de Nueva York, pues toda esa masa ingente pasa los días alienada pensando en dónde ganar el dinero que prestarán a Miller, mientras él divaga, alucina en algunas ocasiones debido a su gusto por lo surrealista, divaga sobre todo y sobre nada, sobre el amor y el trabajo, y sobre todo por la literatura, que por el tiempo en el que sitúa su historia comenzaba a picarle con ansia, aunque todavía el veneno no le había llegado a penetrar hasta la médula, tal vez por la sobredosis de sexo descontrolado en la que el joven ocupaba sus días; y está claro que teniendo la parcela de las lucubraciones –como el mismo diría- cubierta, quién puede pararse a pensar en nada más que en sí mismo y en lo bonito de la luz del día.

Trópico de Capricornio es, pretendidamente, una novela rabiosa y reveladora en cuya lectura, sin embargo, pueda uno llegar a encontrarse apaciguado por las palabras del autor, tal vez por sus extensas divagaciones acerca de la nada y otros dioses mastodónticos, o aunque solo sea por terminar convencido de que en el mundo hay gente más irresponsable y malparada que uno mismo... y en el fondo tampoco les va tan mal.

Al final, un giro inesperado para su propia conciencia ensambla los cables que faltaban para dar verdaderas alas, grandes, muy blancas y hermosas, a su vida y a su inspiración. ¿Cuál será el detonante? Os lo dejo descubrir a vosotros mismos...

Tuesday, March 06, 2007

Cien años de soledad

Sí, hoy es su cumpleaños. Y por eso aprovecho para hablaros de Gabriel García Márquez, cuyas lecturas descubrí hace bastante tiempo (no demasiado, puesto que todavía no puedo hablar en términos como "cuando yo era joven...") aunque he de confesar que hasta hace algunos meses no había disfrutado con la lectura de su obra maestra según los entendidos en la materia, Cien años de soledad (algunos incluso la equiparan al Quijote cervantino) pues la primera vez que me acerqué a ella se me antojó como una enrevesada historia de locos sin ningún sentido aparente y cuyos personajes no llegaba a identificar. Por aquel entonces estaba aún muy verde en esto de la sensibilidad literaria -y todavía lo estoy, pero se nota menos ;)-.

Fue este otoño, gracias a mi querido Azul, con quienes tantas tardes he pasado conversando bajo el sOl compartiendo nuestra pasión por la literatura y por otras locuras universales, que me “obligué” a pasear de nuevo por las mágicas calles de Macondo, tirando esta vez de lápiz y papel para desenmarañar el árbol genealógico de los Buendía-Iguarán, y en esta ocasión poco me costó entender la congoja que muchos dicen sentir cuando se enfrentan a esta curiosa epopeya familiar.
En la imagen, García Márquez con Pablo Neruda


Congoja porque García Márquez consigue hacerte sentir la ingenuidad que en la infancia sentíamos con cada pequeño descubrimiento, que a Macondo llegan gracias a los gitanos primero, a los americanos después. También por la creación y destrucción de ese micromundo casi autárquico que padece los caprichos del espíritu humano como en cualquier otro lugar –la codicia, la ambición de poder, el egoísmo, etc.-, y por la inocencia con la que el colombiano habla siempre del amor y los delirios que provoca en los enamorados. En cuanto a esto último, me quedo con una frase que me turbó especialmente: “Intrigado con ese enigma, escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererle”.

Además, si uno ha leído al menos La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndida y de su Abuela Desalmada y otros de sus cuentos, sabrá apreciar en la novela los guiños que hace el autor a algunos personajes y situaciones que aparecían en sus relatos, y que de alguna forma ya anunciaban el prodigioso estilo de narrar de esta pluma ya octogenaria.

Al fin y al cabo, la proeza de Cien años de soledad ha sido renovar el concepto de novela combinando los antiguos cánones épicos y la novela psicológica del siglo XX, con unas dosis continuas de fantasía que contrastan con la verosimilitud de su historia. Así pues, si como dijo Picasso ser original consiste en tomar un poco de cada uno de los viejos maestros –la cita no es literal- García Márquez ha logrado revolucionar el género con esta metáfora fragmentada de la historia de la humanidad, siempre cíclica pese a tan previsible.

Sin más,


¡MUCHAS FELICIDADES, GABO!

Tuesday, January 23, 2007

Me llamo Rojo

Se trata de una de esas novelas que te engancha y, aunque quieras, no puedes soltar de las manos. Su autor, Orhan Pamuk, es el Premio Nobel de Literatura 2006, y sitúa la acción narrativa en su Turquía natal, aunque se remite a la época de mayor esplendor del imperio otomano durante el siglo XVI, y muestra, a través del taller de ilustradores que cuyos trabajadores protagonizan la historia, la tendencia hacia el declive de dicho imperio con la progresiva adaptación de los gustos occidentales que comienzan a entrar en la corte del Sultán, y la consecuente pérdida de sus costumbres e identidad, ejemplarizada en la forma de pintar de los artistas de la región y el conflicto que esto supone entre la gente dispuesta a adoptarla y aquéllos que prefieren conservar su propia identidad cultural.

En la imagen, Orhan Pamuk durante el discurso
que pronunció en la ceremonia del Premio Nobel de Literatura
que le fue concedido el pasado 10 de diciembre.


En cuanto a la trama, Pamuk ha construido una original –en el sentido moderno de la palabra- novela polifónica a modo de confesión en la que los diferentes personajes del libro se dirigen al lector como si fuera uno más de ellos, para ayudarle a descubrir las causas del misterioso asesinato del Maestro iluminador del taller que trabaja realizando las imágenes de los libros que encarga el Sultán, y que provoca el estupor y desconfianza entre el resto de Maestros ilustradores, y que desenmascara las envidias y celos que sienten éstos entre sí.

A todo ello se une la tormentosa historia de amor de Negro, sobrino del encargado de realizar un novedoso libro para el Sultán, a expensas del taller oficial de la corte, y para el que los Maestros ilustradores de la misma trabajan en secreto y de cuyas particularidades no podían hablar, en parte porque apenas ellos mismos las conocían. Ésta idealizada relación con la sobrina de su Tío consigue complicar aún más la situación, pues ella es una joven casada cuyo marido lleva más de cuatro años desaparecido en la guerra y su belleza es codiciada por muchos de los hombres de la ciudad, que tratarán de conseguir arrebatársela a Negro, amparándose en el bienestar de sus dos hijos pequeños.

No os cuento más acerca de los acontecimientos porque estoy segura de que disfrutaréis mucho más de la lectura si os dejo a vosotros mismos revelar el misterio de esta novela escrita a modo de best-seller, pero escrita con la maestría propia de uno de los –por el momento- mejores escritores del siglo XXI, cuyo saber hacer te embarga desde la primera hasta la última línea, ya que logra crear una serie de personajes diferenciados a la perfección psicológicamente, con la dificultad de tener que remontar su mentalidad a cinco siglos atrás.


Como último dato para completar la información de Me llamo Rojo, decir que esta novela ha conseguido, algunos años atrás, el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el Premio Grinzane Cavour 2002 en Italia y el Premio Internacional IMPAC de Dublín a la mejor novela del 2002.


En la imagen, Orhan Pamuk en los brazos de su padre y junto a su hermano, en Estambul.